Arandas, un rincón en los altos de Jalisco

Guía Turísta
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¡Vive Arandas!

Entre espectaculares campos de agave azul se descubre esta población, sin duda, el mejor lugar para conocer en toda la región de los altos de Jalisco.

Por: Nicolás Triedo

 

En esta región del país de espectaculares campos de agave azul, se puede disfrutar de un exquisito ambiente campirano y degustar los mejores tequilas, además de conocer a fondo su elaboración, recorrer sus viejas haciendas coloniales y paladear la sabrosa gastronomía local.

De Guadalajara, tomamos la autopista 80 que va a San Juan de los Lagos y, a poco más de 100 kilómetros, pasando la desviación de Tepatitlán de Morelos, está la salida para Arandas, que desde ahí se encuentra a menos de 50 kilómetros.

A partir de que uno pasa Cerro Gordo y San Ignacio, empiezan a desfilar los espléndidos agaves azules que se conocen como mezcalillos y de los cuales se extrae el tequila desde épocas prehispánicas, aunque las técnicas de destilación que hoy conocemos las introdujeron los árabes y españoles durante la Colonia.

Primero, lo primero

A lo lejos, entre infinitos campos de agave, divisamos lo que nos pareció una fábrica de tequila, nos acercamos y encontramos El Alteño, pequeña productora artesanal de tequila.

Al entrar, nos topamos con los jimadores, que ya habían cortado de tajo las pencas de los agaves para dejar solamente las cabezas conocidas como piñas. A un lado ubicamos los hornos de piedra, donde se introducen las piñas para ser cocidas durante varias horas, después son trituradas y prensadas para extraer sus mieles. En un área aledaña, estos jugos se fermentan en enormes toneles de madera para después pasar a los alambiques y ser destilados. Finalmente, en los sótanos, el tequila se almacena en barricas de roble blanco, donde reposan el tiempo necesario según el añejamiento deseado. Por supuesto que después de esta enriquecedora experiencia, ansiábamos la degustación para constatar la calidad del producto.

Arandas nos esperaba

Retomamos nuestro camino para llegar después de 15 minutos a Arandas, en tiempos remotos frontera entre purépechas y chichimecas. A mediados del siglo xvi fue poblado por los colonizadores, aunque hasta 1762 fue fundada como Santa María de Guadalupe de los Arandas.

Algo para recordar

Nuestra primera visita fue a las famosas carnitas , sin duda un manjar en un ambiente muy mexicano y divertido, para acompañar tienen un excelente queso fresco, empanadas y claro, el tequila de la casa.

Para iniciar el recorrido, elegimos el Parque Hidalgo, destacan su fuente, el monumento a Hidalgo y una campana que es una de las más grandes de América, por su peso y tamaño nunca la pudieron subir a la torre de la iglesia, por lo que decidieron construir un campanil para exhibirla. Le llamará mucho la atención el imponente Templo del Señor San José Obrero, de estilo neogótico, cuya construcción inició en 1879 y se elevó al rango de parroquia en 1989. Tiene un acceso de arco ojival y un gran rosetón arriba. Sus dos torres son espectaculares y en su interior sorprenden sus amplios espacios cubiertos de bóvedas ojivales y bellas filigranas dibujadas por sus nervaduras. Entre las inmensas columnas que soportan la cúpula destacan hermosos vitrales.

Muy cerca, bajando por la bulliciosa calle Hidalgo, está la Plaza de Armas con su bello quiosco, sus amplios portales y la Parroquia de Santa María de Guadalupe (1780), con una bella portada de un estilo barroco sobrio. A un costado de la plaza está La Alcantarilla, la primera casa de Arandas. Ahí hacían parada las diligencias y estaba el pozo de agua que abastecía a toda la población.

Más tarde visitamos la Plaza Fundadores, también conocida como “el panteón viejo”, donde se ubica la Capilla del Socorrito, de interesante forma octagonal.

Para finalizar fuimos al Puente de Guadalupe (1897), antiguo acceso a la ciudad, con sus torretas y arcos de ladrillo rojo que contrastan con el verde entorno. Es el sitio donde los lugareños realizan sus días de campo.

Por la noche regresamos al Parque Hidalgo para escuchar música vernácula. Magnífico ambiente.

Alrededores

Tras algunos minutos de recorrido por el camino que va a Guadalajara, divisamos la Hacienda de Guadalupe, al llegar llamó nuestra atención su acueducto, su bella capilla y la antigua casona principal con sus viejos arcos y patio central.

De regreso a Arandas, nos detuvimos en la Hacienda de Santa María del Nopal, lugar legendario e histórico del siglo xvi. Se encuentra frente a un pequeño lago y en los extensos jardines hay árboles centenarios y algunas esculturas clásicas. Sus amplios corredores, portales, grandes patios, habitaciones con piezas de arte y muebles de época, y la exuberante vegetación, hacen de esta hacienda una de las más bellas y mejor conservadas de todo el estado.

Nos tomamos un café en el portal principal, desde donde la vista era idílica y sin duda fue el mejor lugar para despedirnos de esta región de Jalisco. Quedan invitados a regresar o a visitar a Arandas, con su tierra roja, sus agaves azules, sus bellas mujeres, sus haciendas centenarias, su tequila, su mariachi, sus aromas… pero sobre todo, su gente franca y amistosa.

¡Vive Arandas!

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